Nuestra historia: construir distinto desde el primer día.
En 1996, Schmidt nació para resolver un problema concreto: acelerar los tiempos de obra en proyectos industriales. Lo que empezó como una pequeña planta y una sociedad con una empresa italiana, se transformó en una empresa pionera, referente en hormigón premoldeado en Uruguay.
Desde entonces, nuestra historia es la de una empresa que eligió hacer las cosas distinto. Apostamos por la industrialización cuando casi nadie lo hacía. Incorporamos tecnología, diseñamos nuestros propios equipos, formamos a nuestro personal como una escuela técnica y fuimos trazando un camino con visión de futuro.
Fabricamos piezas para las tres plantas de celulosa del país. Construimos el depósito más grande de Uruguay. Diseñamos soluciones para estadios, liceos, puentes, viviendas de emergencia, túneles y centros logísticos. Nos abrimos al mundo de la vivienda con Schmidt Haus, nuestra división habitacional. Y dimos un salto tecnológico con la inauguración de una planta modelo que marca un antes y un después en la industrialización de la construcción.
Hoy, después de más de 30 años, seguimos apostando a lo mismo que nos motivó al inicio: hacer que cada obra sea mejor, más rápida, más eficiente y más humana.
Porque para nosotros, construir no es solo levantar estructuras. Es transformar procesos, mejorar entornos y dejar huella en cada proyecto.
Y esto… es solo el comienzo.